martes, 24 de abril de 2012
Joyonaque, tradición que aún perdura en la Feria de San Marcos, en Tuxtla.
Silvano Bautista Ibarias.
Uno de los elementos más distintivos de la “Feria de San Marcos” en la capital chiapaneca con los llamados “joyonaque” o “ramilletes y forman parte del complejo de ofrendas propias de los zoques. Etimológicamente viene de joyó, flor, y naqué, costura, es decir,“flor cosida” o “flor costurada”.
Los joyonaqués son estructuras de flores y hojas dobladas, ensartadas y cosidas, de ahí su nombre, para formar algunas imágenes tradicionales, y pueden remitir de alguna manera a “escudos”.
De esta forma, un grupo de 15 hombres, provenientes de la comunidad de Ocuilapa, del municipio de Ocozocoautla, hicieron acto de presencia en la Catedral de San Marcos como desde hace 15 años lo hacen y ante la vista de propios y extraño dan formas a las más variadas y vistosas estructuras de estas ofrendas para ser presentadas a San Marcos, Santo patrono de la capital chiapaneca.
Esta ofrenda es elaborada con hojas de mango, el tallo de la flor llamada Lirio Palenque y bugambilia y es gracias a la habilidad de los joyonaqueros que estos elementos toman formas.
Sin embargo, en ocasiones aplican otros elementos como: flor de mayo (Plumeria rubra), musá (Tagetes erecta), chuy (Zebrina pendula), hoja de palenque (Crinum amabile), chucamay (Styrax argenteus), bambú (Bambusa vulgaris) y flor de bugambilia.
Las flores y hojas de distintos colores forman figuras establecidas por la Costumbre: la Custodia o Santísimo, el sol, la paloma, la paloma de dos cabezas, el remolino o viento, águilas con una o hasta cuatro cabezas, el gorrión, la chuparrosa, los dos carpinteros, la luna, el arcoíris, la carreta (especialmente elaborado para San Pascualito), el Espíritu Santo, la estrella, la cueva o “el cero”, y nuevos diseños en una suerte de sincretismo entre la cosmovisión indígena y el catolicismo. Inclusive algunos ramilleteros llegan a crear sus propios diseños, aunque no es común que sean reproducidos por los demás, sino que quedan como “sello” personal del ramilletero.
Estas ofrendas son elaboradas por un grupo de especialistas, formado por el maestro ramilletero o maestro de ramillete, apoyado por un equipo de ayudantes, genéricamente conocidos como “ramilleteros”, de número variable según la cantidad de piezas que se deban manufacturar.
La tradición de la hechura de los ramilletes comienza a ampliar los límites de la costumbre a través de la incorporación reciente de mujeres en este trabajo, antiguamente reservado a los hombres, y aún más, con la floreada de la primera mujer ramilletera dentro de la Mayordomía del Rosario.
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